Citadel cambia su nombre a Warhammer Colour: un rebranding que entierra casi medio siglo de historia

08/03/2026

Games Workshop ha decidido que Citadel Colour ya no se llama Citadel Colour. A partir de ahora, la marca de pinturas pasa a llamarse Warhammer Colour. Sobre el papel, el cambio parece de una pulcritud impecable: mismo producto, misma formulación, mismo bote, nuevo nombre. Nada dramático. Nada que justifique, en teoría, una reacción especialmente intensa.

Y, sin embargo, aquí estamos.

Porque esto no va solo de pintura. Ni siquiera va solo de branding. Va de una de esas decisiones corporativas perfectamente razonables que, al aterrizar en el hobby, suenan un poco más frías de lo que probablemente pretendían. Citadel no era una marca cualquiera. Era una palabra con poso. Con memoria. Con ecos de White Dwarf, de catálogos viejos, de sets de iniciación, de botes resecos, de colores descatalogados y de tardes enteras aprendiendo a pintar fatal antes de aprender a pintar medio bien.

Games Workshop ha tocado una marca histórica para hacer algo muy sensato: ordenar su arquitectura comercial bajo el paraguas de Warhammer. La cuestión no es si tiene sentido. Lo tiene. La cuestión es otra: si todo lo que tiene sentido conviene hacerlo cuando hablas a una comunidad que no vive este hobby desde la razón, sino desde la emoción

Y ahí está el choque.

Coherencia con las otras marcas de Warhammer

Empecemos por concederle a Games Workshop lo evidente: el cambio tiene lógica. De hecho, tiene bastante lógica. Desde hace años, la empresa lleva afinando una arquitectura de marca cada vez más centrada en el nombre Warhammer. Las tiendas son Warhammer. La comunicación es Warhammer. El universo que tironea de todo lo demás es Warhammer. Así que, visto desde una sala de reuniones, mantener una submarca histórica como Citadel podía parecer una reliquia útil para veteranos, pero menos eficiente para el presente.

Y en ese marco, Warhammer Colour encaja como una pieza diseñada para cerrar el círculo. Menos capas, menos matices, menos historia heredada, más claridad comercial. Miniaturas Warhammer, tiendas Warhammer, contenido Warhammer, pinturas Warhammer. Todo perfectamente alineado. Todo perfectamente ordenado. Todo perfectamente… corporativo.

Lo que gana la empresa aquí es consistencia. Y la consistencia, en branding, cotiza al alza.

Claridad para principiantes

Este es, probablemente, el argumento más sólido a favor del cambio. Para un aficionado veterano, Citadel es una palabra familiar. Para alguien que llega hoy al hobby desde YouTube, TikTok, una tienda, un videojuego o una futura serie, no necesariamente significa nada.

Warhammer Colour, en cambio, se explica solo. Es inmediato. Es funcional. Es imposible perderse. No exige contexto previo ni memoria hobby. No pide al recién llegado que aprenda una genealogía de marcas. Le dice, sin rodeos: esta es la pintura diseñada oficialmente para las miniaturas Warhammer.

Desde ese punto de vista, el rebranding no solo es defendible: es eficaz. Donde Citadel Colour conservaba herencia, Warhammer Colour maximiza comprensión instantánea.

El problema es que la claridad casi siempre simplifica. Y simplificar, muchas veces, también significa quitar personalidad.

Citadel Colour changes name to Warhammer Colour - new pot label design revealed
Intenta contener las lágrimas. Exacto: no puedes.

El contenido de la comunidad queda obsoleto

Aquí empieza la factura del cambio. Durante años, Citadel Colour no ha sido solo una marca: ha sido un lenguaje compartido. Un código común entre Games Workshop, la comunidad, los canales de pintura, los blogs, los tutoriales, los vídeos de iniciación y las conversaciones de hobby en medio internet.

“Usa una Citadel”. “Aplica Nuln Oil”. “Esta gama de Citadel cubre mejor”. “Diferencias Citadel vs Vallejo”. Todo ese archivo no desaparece de la noche a la mañana, claro. Pero de repente queda desfasado en su capa más básica: el nombre.

No es una tragedia, pero sí una molestia torpe. Una de esas decisiones que no rompen nada del todo, pero generan una pequeña desincronización innecesaria entre el producto y el inmenso ecosistema de contenido que lo ha acompañado durante años.

Y eso, para una marca tan apoyada en la comunidad, no es un detalle menor.

La gran pérdida no está en el bote, ni en la fórmula, ni en el lineal. Está en otro sitio. Está en el vínculo.

Citadel era una de esas marcas que ya no pertenecen del todo a la empresa que las posee, porque también pertenecen un poco a la memoria de quienes han crecido con ellas. Era una palabra incrustada en la cultura del hobby. Sonaba a Warhammer, sí, pero también sonaba a algo con entidad propia. Algo con biografía. Algo con alma.

Por eso tanta gente ha recibido el anuncio con fastidio, ironía o desgana. No porque el cambio vaya a arruinar sus miniaturas. Ni porque mañana vayan a dejar de comprar Mephiston Red. Sino porque perciben, quizá con razón, que se sacrifica una marca con personalidad en nombre de una lógica de simplificación que beneficia más a la empresa que al aficionado.

Y ahí aparece esa palabra tan incómoda para cualquier powerpoint de marketing: nostalgia. Que no es una tontería. Ni una debilidad. En este hobby, la nostalgia es parte del pegamento.

Citadel pot design evolution
Evolución de los botes de Citadel desde los años 90 hasta 2026. La primera tinta que derramé accidentalmente fue ese bote de Orc Flesh Wash. Yo tenía 12 años en aquel momento y lo recuerdo como un día devastador para mi economía.

¿Qué sigue igual?

El diseño del bote

El bote seguirá siendo el de siempre. El cambio se concentra en la etiqueta y en el nombre. Games Workshop ha decidido tocar la marca, pero no abrir el melón del envase. Porque si hay algo que la comunidad lleva años discutiendo, es el formato del bote.

Otras marcas como Army Painter, Vallejo o Pro Acryl han convertido el cuentagotas en estándar de facto para muchísimos pintores. Este formato hace casi obligatorio el uso de la paleta húmeda para pintar, pero a cambio obtenemos control preciso en mezclas y diluciones. Y lo más importante: al no entrar aire en el bote, la pintura se mantiene en buen estado de 5 a 10 años.

Por otra parte, Games Workshop sigue aferrada a su diseño de tapa abatible. Si bien es cierto que bote de tapa facilita el aprendizaje a principiantes porque permite coger pintura directamente del bote, es un formato arrastra críticas viejas y muy repetidas. El principal defecto: la pintura seca se acumula constantemente en la tapa y el cierre hermético se degrada con mucha facilidad. Los botes necesitan limpieza frecuente, o de lo contrario les entra aire y se secan completamente a los pocos meses.

La sensación es que Games Workshop conserva este formato no porque sea el mejor, sino porque es el que más le conviene. Baja durabilidad equivale a más ventas.

La formulación

Según ha comunicado la propia compañía, la pintura sigue siendo la misma. Y eso es, probablemente, lo más importante para quien solo quiere saber si sus colores van a comportarse igual que ayer.

El precio

Los community managers de Warhammer ya han confirmado en Facebook que el precio no subirá por ahora. Games Workshop es líder indiscutible en el mercado de miniaturas, pero en el mercado de pinturas acrílicas pelea contra marcas muy competitivas tanto en calidad como en precio.

Opinión de la comunidad

La reacción inicial de la comunidad ha sido bastante reveladora: más resignación irónica que entusiasmo real. No parece que el anuncio haya despertado demasiados “por fin”. Más bien al contrario. La sensación dominante es que se trata de un movimiento de despacho, correcto en términos de marca, pero emocionalmente estéril.

Muchos aficionados lo han leído como un cambio innecesario. Algo que nadie pedía. Algo que no mejora la experiencia de hobby de forma tangible, pero sí erosiona un nombre con recorrido, identidad y carga simbólica.

La traducción menos diplomática sería esta: sí, tiene sentido; no, no hacía falta.

Y ahora qué

En lo práctico, seguramente no cambie gran cosa. La gente seguirá comprando sus colores de siempre, consultando equivalencias, viendo tutoriales antiguos y pintando con los mismos hábitos de ayer. Y dentro de unos meses, muchos se habrán acostumbrado a convivir con el nuevo nombre.

Desde el punto de vista del branding, Warhammer Colour es un cambio limpio y coherente. Desde el punto de vista del aficionado aplana una identidad con más de 40 años de historia que a muchos nos venía acompañando desde nuestra infancia.

Games Workshop ha hecho un cambio racional en un hobby que mueve a la gente por causas profundamente irracionales: apego, memoria, costumbre, orgullo de pertenencia, nostalgia. Como decía Blaise Pascal: el corazón tiene razones que la razón no entiende. ¿Funcionará esta maniobra corporativa? Dentro de 40 años lo comprobaremos. Descansa en paz, Citadel.

 

 

Comparte esta publicación
Picture of Komander
Komander
Aficionado a Warhammer desde 2002. Empecé con Orcos y Goblins de Warhammer Fantasy. Ahora con Tiránidos y Space marines, de Warhammer 40.000